5 de junio de 2009

Luis Pescetti en Canal Encuentro 3/3

5 de junio de 2009

2 de junio de 2009

Luis Pescetti en Canal Encuentro 2/3

2 de junio de 2009

31 de mayo de 2009

Luis Pescetti en Canal Encuentro 1/3

31 de mayo de 2009
Visita de Luis Pescetti a una escuela rural del Gran Buenos Aires.
Plan Nacional de Lectura y Canal Encuentro (Argentina)



23 de mayo de 2009

"La poesía ¿en el Jardín?"

23 de mayo de 2009
"La poesía, ese texto que nos permite recorrer mundos musicalizados de palabras en territorios de ficción. Palabras con sentido estético, palabras que nos llevan a volar detrás de rimas, imágenes, sentidos... " (Claudia Soto)
Así comienza el tema del mes de Abril del sitio Dilemas - Infancia en Red; en donde Alicia Zaina y Graciela Pellizzari especialistas de la literatura infantil exponen sus puntos de vista en relación a este tema -a veces- tan olvidado en nuestras Salas de Jardín.
A su vez, diversas docentes de las Escuelas Infantiles han enviado sus propuestas didácticas acerca de cómo trabajan ellas la "poesía en el Jardín".

22 de mayo de 2009

Adivina adivinador ¿?

22 de mayo de 2009
Orejas largas, rabo cortito;
corro y salto muy ligerito.
(El conejo)

 Canta cuando amanece
y vuelve a cantar
cuando el día desaparece.
(El gallo)
 
Salta y Salta
y la colita le falta.
(El sapo)
Lleva su casa
paso a pasito
come lechuga
muy despacito.
(La tortuga)

19 de mayo de 2009

"Los sueños del sapo"

19 de mayo de 2009
Una tarde un sapo dijo:
—Esta noche voy a soñar que soy árbol. Y dando saltos, llegó a la puerta de su cueva. Era feliz; iba a ser árbol esa noche.
subir imagenes Todavía andaba el sol girando en la rueda del molino. Estuvo un largo rato mirando el cielo. Después bajó a la cueva, cerró los ojos y se quedó dormido.
Esa noche el sapo soñó que era árbol. A la mañana siguiente contó su sueño. Más de cien sapos lo escuchaban.
—Anoche fui árbol —dijo—, un álamo. Estaba cerca de unos paraísos. Tenía nidos. Tenía raíces hondas y muchos brazos como alas, pero no podía volar. Era un tronco delgado y alto que subía. Creí que caminaba, pero era el otoño llevándome las hojas. Creí que lloraba, pero era la lluvia. Siempre estaba en el mismo sitio, subiendo, con las raíces sedientas y profundas. No me gustó ser árbol.
El sapo se fue, llegó a la huerta y se quedó descansando debajo de una hoja de acelga. Esa tarde el sapo dijo:
—Esta noche voy a soñar que soy río.
Al día siguiente contó su sueño. Más de doscientos sapos formaron rueda para oírlo.
—Fui río anoche —dijo—. A ambos lados, lejos, tenía las riberas. No podía escucharme. Iba llevando barcos. Los llevaba y los traía. Eran siempre los mismos pañuelos en el puerto. La misma prisa por partir, la misma prisa por llegar. Descubrí que los barcos llevan a los que se quedan. Descubrí también que el río es agua que está quieta, es la espuma que anda; y que el río está siempre callado, es un largo silencio que busca las orillas, la tierra, para descansar. Su música cabe en las manos de un niño; sube y baja por las espirales de un caracol. Fue una lástima. No vi una sola sirena; siempre vi peces, nada más que peces. No me gustó ser río.
Y el sapo se fue. Volvió a la huerta y descansó entre cuatro palitos que señalaban los límites del perejil. Esa tarde el sapo dijo:
—Esta noche voy a soñar que soy caballo.
Y al día siguiente contó su sueño. Más de trescientos sapos lo escucharon. Algunos vinieron desde muy lejos para oírlo.
—Fui caballo anoche —dijo—. Un hermoso caballo. Tenía riendas. Iba llevando un hombre que huía. Iba por un camino largo. Crucé un puente, un pantano; toda la pampa bajo el látigo. Oía latir el corazón del hombre que me castigaba. Bebí en un arroyo. Vi mis ojos de caballo en el agua. Me ataron a un poste. Después vi una estrella grande en el cielo; después el sol; después un pájaro se posó sobre mi lomo. No me gustó ser caballo.
Otra noche soñó que era viento. Y al día siguiente dijo:
—No me gustó ser viento.
Soñó que era luciérnaga, y dijo al día siguiente:
—No me gustó ser luciérnaga.
Después soñó que era nube, y dijo:
—No me gustó ser nube.
Una mañana los sapos lo vieron muy feliz a la orilla del agua.
—¿Por qué estás tan contento? —le preguntaron.
Y el sapo respondió:
—Anoche tuve un sueño maravilloso. Soñé que era sapo
Ilustración: Laura Michell

17 de mayo de 2009

Poesías / Nanas Folclóricas

17 de mayo de 2009
Por aquí viene un conejito
saltando en tres patitas.
Y corriendo apuradito
se metió en esta cuevita.
Por esta pierna
subía un hombre
/>pisando fuere
subir imagenescon los tacones
y se metía
por aquí, por aquí.




Cinco pollitos
tiene mi tía,
uno le baila,
otro le pía
y otro le canta
la sinfonía.
Rema que rema
Juan de la arena,
tú por la playa
y yo por la arena.

10 de mayo de 2009

Libro: "Candelaria y los monstruos"

10 de mayo de 2009
subir imagenes
Texto: Griselda Gálmez
Ilustraciones: María Wenicke
Colección desde 4 años - Alfaguara Infantil
Año: 2005 - cuarta reimpresión 2009

Candelaria es una nena que se muda a una "vieja casa nueva" - según la denomina la autora - era infinita, sus habitaciones, galerías y altillo eran gigantes. Fue allí donde Candelaria se encontró con unos ruidos extraños que provenían del altillo...

Un libro donde los chicos ven reflejadas sus emociones, así como sus miedos a la oscuridad, a los monstruos y a los cambios.

6 de mayo de 2009

"El Reino del reves"

6 de mayo de 2009
Una canción de María Elena Walsh animada por estudiantes de Diseño de la Pcia. de Santa Fe.

7 de marzo de 2009

"Poemas Folclóricos"

7 de marzo de 2009
Los veinte ratones
Arriba y abajo,
por los callejones
pasa una ratita
con veinte ratones:
unos sin colita
y otros muy colones;
unos sin orejas
y otros orejones;
unos sin patitas
y otros muy patones;
unos sin ojitos
y otros muy ojones;
unos sin narices
y otros narigones;
unos sin hocico
y otros hocicones.


Allá está la luna
Allá está la luna,
comiendo aceituna.
Yo le pedí una,
no me quiso dar.
Saqué el pañuelito,
me puse a llorar.


Los sapitos
Los sapos de la laguna
huyen de la tempestad.
Los chiquitos dicen: -tunga
y los grandes: -tungairá.
Sapito que tunga y tunga,
¡sapito que tungairá!

25 de febrero de 2009

Cuento: "El Caso Gaspar"

25 de febrero de 2009
Cuento de Elsa Bornemann censurado en la época de la dicatura militar argentina.

Aburrido de recorrer la ciudad con su valija a cuestas para vender —por lo menos— doce manteles diarios, harto de gastar suelas, cansado de usar los pies, Gaspar decidió caminar sobre las manos. Desde ese momento, todos los feriados del mes se los pasó encerrado en el altillo de su casa, practicando posturas frente al espejo. Al principio, le costó bastante esfuerzo mantenerse en equilibrio con las piernas para arriba, pero al cabo de reiteradas pruebas el buen muchacho logró marchar del revés con asombrosa habilidad. Una vez conseguido esto, dedicó todo su empeño para desplazarse sosteniendo la valija con cualquiera de sus pies descalzos. Pronto pudo hacerlo y su destreza lo alentó.

—¡Desde hoy, basta de zapatos! ¡Saldré a vender mis manteles caminando sobre las manos! —exclamó Gaspar una mañana, mientras desayunaba. Y —dicho y hecho— se dispuso a iniciar esa jornada de trabajo andando sobre las manos.
Su vecina barría la vereda cuando lo vio salir. Gaspar la saludó al pasar, quitándose caballerosamente la galera: —Buenos días, doña Ramona. ¿Qué tal los canarios?
Pero como la señora permaneció boquiabierta, el muchacho volvió a colocarse la galera y dobló la esquina. Para no fatigarse, colgaba un rato de su pie izquierdo y otro del derecho la valija con los manteles, mientras hacía complicadas contorsiones a fin de alcanzar los timbres de las casas sin ponerse de pie.

Lamentablemente, a pesar de su entusiasmo, esa mañana no vendió ni siquiera un mantel. ¡Ninguna persona confiaba en ese vendedor domiciliario que se presentaba caminando sobre las manos!

—Me rechazan porque soy el primero que se atreve a cambiar la costumbre de marchar sobre las piernas... Si supieran qué distinto se ve el mundo de esta manera, me imitarían...Paciencia...

Ya impondré la moda de caminar sobre las manos... —pensó Gaspar, y se aprestó a cruzar una amplia avenida. Nunca lo hubiera hecho: ya era el mediodía... los autos circulaban casi pegados unos contra otros. Cientos de personas transitaban apuradas de aquí para allá.

—¡Cuidado! ¡Un loco suelto! —gritaron a coro al ver a Gaspar. El muchacho las escuchó divertido y siguió atravesando la avenida sobre sus manos, lo más campante.

—¿Loco yo? Bah, opiniones...

Pero la gente se aglomeró de inmediato a su alrededor y los vehículos lo aturdieron con sus bocinazos, tratando de deshacer el atascamiento que había provocado con su singular manera de caminar. En un instante, tres vigilantes lo rodearon.

Está detenido —aseguró uno de ellos, tomándolo de las rodillas, mientras los otros dos se comunicaban por radioteléfono con el Departamento Central de Policía. ¡Pobre Gaspar! Un camión celular lo condujo a la comisaría más próxima, y allí fue interrogado por innumerables policías:

—¿Por qué camina con las manos? ¡Es muy sospechoso! ¿Qué oculta en esos guantes? ¡Confiese! ¡Hable!

Ese día, los ladrones de la ciudad asaltaron los bancos con absoluta tranquilidad: toda la policía estaba ocupadísima con el "Caso Gaspar—sujeto sospechoso que marcha sobre las manos".

A pesar de que no sabía qué hacer para salir de esa difícil situación, el muchacho mantenía la calma y —¡sorprendente!— continuaba haciendo equilibrio sobre sus manos ante la furiosa mirada de tantos vigilantes. Finalmente se le ocurrió preguntar: —

¿Está prohibido caminar sobre las manos?

El jefe de policía tragó saliva y le repitió la pregunta al comisario número 1, el comisario número 1 se la transmitió al número 2, el número 2 al número 3, el número 3 al número 4... En un momento, todo el Departamento Central de Policía se preguntaba: ¿EST«á PROHIBIDO CAMINAR SOBRE LAS MANOS? Y por más que buscaron en pilas de libros durante varias horas, esa prohibición no apareció. No, señor. ¡No existía ninguna ley que prohibiera marchar sobre las manos ni tampoco otra que obligara a usar exclusivamente los pies!

Así fue como Gaspar recobró la libertad de hacer lo que se le antojara, siempre que no molestara a los demás con su conducta. Radiante, volvió a salir a la calle andando sobre las manos. Y por la calle debe encontrarse en este momento, con sus guantes, su galera y su valija, ofreciendo manteles a domicilio... ¡Y caminando sobre las manos!

23 de febrero de 2009

Luis María Pescetti

23 de febrero de 2009
Luis María Pescetti nació en San Jorge, provincia de Santa Fe, Argentina, en 1958. En Buenos Aires se recibió de Musicoterapeuta (Diploma de Honor) en 1979. Realizó estudios de: piano, canto, pedagogía musical, armonía y composición. Trabajó; como Musicoterapeuta en rehabilitación de mujeres operadas de mama y con pacientes psiquiátricos, niños y adultos. Fue profesor de música en preescolar, escuelas primarias, secundarias, y Universidades.
Es escritor, compositor e intérprete de importantes obras humorísticas para niños y adultos.
Algunas de sus obras para chicos son:
Libros: Natacha, Nadie te creería, La fábrica de Chistes, leer más.
Discos: Vampiro Negro, Qué público de porquería, leer más.
Juegos musicales como:

11 de febrero de 2009

Deberes y derechos del niño: A tener un nombre (parte 1)

11 de febrero de 2009
Actividad correspondiente al Proyecto: "Nosotros también tenemos Derechos" Los Deberes y Derechos de los Niños


Se compartió la narración de la Poesía:


"Preguntas"


¿Quién le puso
el nombre
a la Luna?

¿Habrá sido la laguna,
que de tanto verla
por la noche
decidió llamarla Luna?

¿Quién le puso
el nombre al elefante?

¿Habrá sido el vigilante,
un día que se paseaba
muy campante?

¿Quién le puso el nombre
a las rosas?

¿Quién
le pone el nombre
a las cosas?

Yo lo pienso todos los días.

¿Habrá un señor
que se llame Ponenombres
que saca los nombres
de la Nombrería?

¿O la arena sola
decidió llamarse arena
y el mar solo
decidió llamarse mar?

¿Cómo será?
(Menos mal que a mí
me puso el nombre
mi mamá).

Mirta Goldberg. ¿Quién le puso el nombre a la Luna? Cántaro. 2005